El virus más poderoso
Contagiarse de las emociones más alegres y jubilosas de otros o caer rendidos ante un carrusel infinito de carcajadas es algo satisfactorio y positivo.
Los virus son para la medicina como los psicópatas para la criminología. El conocimiento profundo sobre ellos no ha empezado a salir a luz hasta hace muy poco tiempo, con los consecuentes problemas de este desconocimiento. Estos entes tienen características bastante especiales. Se sabe que no son seres vivos como tal, pero que se comportan de una forma muy peculiar para no serlo. A pesar de no estar vivos, tienen una gran influencia sobre los que sí lo están, marcando muchas veces el destino de los mismos, y haciéndolos una extraordinaria vía para expandir y perpetuar sus mensajes encriptados biológicamente.
Si se tuviera que elegir otra palabra que pudiese sustituir a virus en el párrafo anterior… ¿Cuál sería?
Si hay algo que puede impactar de esta manera las vidas de los animales, y de los seres humanos en particular, son las emociones.
Las emociones son uno de esos lapsos de unión más fuertes y representativos que tenemos los seres humanos con el resto de mamíferos. No se puede entender correctamente la esencia humana y sus conductas si no se toma en cuenta el enorme y trascendental papel de la emoción.
El contagio Emocional
“Las emociones intensas constituyen el equivalente neuronal de un resfriado, y se contagian con la misma facilidad con que lo hace un rinovirus.”
- D. GOLEMAN ·
El aprendizaje mismo tiene como eje impulsor principal la experimentación de estados emocionales que promueven dicha adquisición de información. Se comenzamos haciéndose por imitación y sensaciones percibidas emocionalmente (a través del sistema límbico principalmente) por parte de nuestros padres o cuidadores primarios. A medida que se van van incorporando mayores capacidades cognitivas, este abanico de inputs o estímulos externos influyentes va siendo cada vez mayor y más poderoso en los aprendizajes cognitivo y conductual.
El aprendizaje por imitación es positivo siempre que se adapte a nuestra situación y a nuestras necesidades.
- Enric Corberá ·
Las llamadas neuronas espejo son fundamentales en estos procesos, permitiendo entender las emociones del otro, empatizar y ponernos en su lugar, facilitando dichos aprendizajes y conductas asociativas. Son en palabras del psicólogo Daniel Goleman un grupo de neuronas que funcionan como una especie de «wifi neuronal» para conectar con otros cerebros. (1)
Ellas son las responsables de que, por ejemplo, nos los sbresaltos al ver a alguien sufriendo un accidente o dándose un golpe, o de las emociones cuando a alguien le pasa algo bueno, aunque sea en una película.
Cuando las neuronas espejo hacen lo suyo, se ponen en funcionamiento los mismos circuitos y áreas del cerebro que en la persona que se observa haciendo o sintiendo eso que se percibe en ellas. De tal manera, se puede llegar a sentir emociones como propias aunque no se estén teniendo los estímulos que las evocan, sino que se perciben y se reflejan de otros.
Así mismo, los estados emocionales propios pueden tener una gran influencia en el de los demás. Sobre esto, el autor antes mencionado señala que cada uno de los seres humanos es en buena medida responsable de cómo determina los sentimientos de las personas con las que día a día interactúa, tanto a nivel positivo como negativo.
Origen biológico
La transmisión de emociones es un proceso primitivo y en gran medida inconsciente que actúa como una sincronía, y ha sido fundamental para garantizar la supervivencia.
El parto humano prematuro y el desarrollo tardío de las capacidades físicas y mentales (respecto a otros animales), son de las razones más importantes que explican las relaciones de solidaridad, empatía y apego emocional entre los seres humanos, no solo de las madres, sino de toda la comunidad. Por un lado, criar a un bebé humano ha sido siempre, por esta causa, un esfuerzo colectivo, y por otro porque este precio alto era el resultado de un desarrollo cerebral posterior muy superior al del resto de animales, facilitando nuestra supervivencia, y sacando muy buen partido a la evolución y la selección natural. (2)
El proceso de neuroplasticidad, la creación de redes neuronales complejas a través de la gran cantidad de sinapsis o conexiones neuronales en los cerebros, incomparables con las de otros animales, tienen mucho que ver también con este fenómeno de relacionamiento emocional cercando, propio del homo sapiens sapiens, o , mejor dicho homo sapiens sentiens…
La expresión “nos hicimos humanos” es consistente y real. La gran diferenciación del resto de las especies y desarrollo han derivado de los fuertes vínculos sociales y emocionales que se empiezan a crear entre humanos, expandiendo los límites del lenguaje, la percepción y las relaciones interpersonales.
Si bien el ser humano cuenta genéticamente con la capacidad para emocionarnos, percibir lo que otros sienten y compartir dichas emociones, como mismo sucede con las enfermedades e infecciones, existen personas más susceptibles que otras a este contagio, y también más proclives a sufrir sus consecuencias negativas.
Es importante destacar que también existen personas en el otro extremo, incapaces en gran medida de empatizar, percibir y sentir las emociones del otro: los psicópatas. Son diversos los motivos que nos pueden hacer más o menos vulnerables ante estos virus emocionales, pero el origen siempre es una interrelación entre múltiples factores biopsicosociales.
La predisposición genética puede llegar a tener un papel significativo en este sentido, pero solo hasta ese punto (predisposición o condicionamiento). Siempre debemos tener presente el rol de los disparadores y determinantes ambientales que promueven y exacerban estos caracteres biológicos heredados.
Entre estos, se puede señalar, como de los más influyentes, los vínculos y relaciones en las primeras etapas del desarrollo, el contexto materno-infantil, los roles asumidos por los educadores, las creencias aprendidas de los mismos, la educación recibida, tanto a un nivel cognoscitivo como emocional y conductual, y por supuesto, no podemos olvidar el papel de la sociedad, la cultura y los sistemas de valores predominantes. (4)
Empatía vs Contagio Emocional
Es necesario no confundir la empatía con el contagio emocional, pues si bien ambos pueden compartir ciertos aspecto e incluso servirse el uno del otro, no son lo mismo.
La empatía es una capacidad individual y adaptativa que permite conectar con las sensaciones y el estado emocional de un otro y sentirse en su lugar. Siendo algo genuino y beneficioso, tanto para los demás como para uno mismo, siempre que se sea capaz de discernir los límites marcados por la asertividad y las necesidades propias.
Mientras tanto, el contagio emocional es un proceso inconsciente en su mayoría, que se alimenta de la empatía, pero además hace que se tomen como propias las emociones y estados anímicos de otros, o que, al menos, estos tengan una influencia significativa en cómo uno se siente y se comporta, o al revés, siendo cada cual quien condicione a los demás, positiva o negativamente.
El contagio emocional es un proceso imperceptible y sutil que ocurre constantemente en el que se emiten señales emocionales afectando a las personas alrededor.
Aquí residen sus beneficios, pero también sus potenciales peligros. Contagiarse de las emociones más alegres y jubilosas de otros o caer rendidos ante un carrusel infinito de carcajadas es algo satisfactorio y positivo. Al mismo tiempo, se puede caer preso de igual forma, o con mayor intensidad incluso, en los estados emocionales depresivos, de estrés y negatividad de otros, convirtiendo al sujeto en víctima de una suma de reacciones psico-fisiológicas, lo que se conoce como un secuestro emocional.
Muchas veces se es incapaz de permanecer alejados de esos virus de los que son contagiosos, y se permite que las emociones y los estados de otros acaben determinando los propios.
Hay que ser capaces de encontrar, con esta toma de consciencia y practicando las reacciones y percepciones, un equilibrio entre las genuinas y humanas capacidades de empatía, comprensión y solidaridad, con unas igualmente necesarias de asertividad, desapego y distanciamiento emocional suficiente; para así poder utilizar esos grandes poderes de las emociones con utilidad y relevancia, sin que supongan una desventaja y un peligro para la individualidad y la colectividad.
El más poderoso es el que tiene poder sobre sí mismo.
- SÉNECA ·
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Cómo citar este texto
Danilo Euser. (2020). «El virus más poderoso». La Trinchera. https://bloglatrinchera.com/el-virus-mas-poderoso-emociones/