Naturaleza humana ¿Existe tal cosa?
Lo que se le llama hoy “naturaleza humana”, con relación a la conducta, no es más que una simplificación absurda de algo mucho más complejo y profundo.
Por: Danilo Euser
Cuántas veces se ha escuchado que “los seres humanos somos así…” o “es parte de la naturaleza humana”, al hacer referencia a ciertas conductas…
A lo largo de la historia de la humanidad, muchos pensadores han intentado descifrar el comportamiento humano, preguntándose por qué somos como somos, pensamos como pensamos y, sobre todo, actuamos como actuamos.
Diferentes ramas de la ciencia han intentado dar respuesta a estas y otras interrogantes relacionadas, y estas han sido variadas y a veces contrapuestas, según la interpretación y el enfoque de estudio. Especialmente dentro de la antropología, la psicología y las ciencias del comportamiento humano, ha existido gran debate sobre las cuestiones que son heredadas y las que son aprendidas, con relación a la conducta. Algunas se decantaban por un enfoque determinista de los genes y la naturaleza, mientras que por otro, se refutaba esta idea con que era el ambiente el que determinaba, en última instancia, nuestro comportamiento y lo que terminábamos siendo.
Nature vs Nutre****: Naturaleza contra crianza
Los seres humanos somos, en gran medida, el indiscutible resultado de un proceso evolutivo en el cual los denominadores comunes predominantes han sido el cambio y la adaptación, lo que nos convierte en una de las especies más flexibles y moldeables. Son de destacar las transformaciones a nivel cerebral, tanto estructural como funcionalmente, siendo estas unas de nuestras ventajas más importantes para posicionarnos en un lugar dominante y transformador en el mundo.
El escritor, filósofo e historiador Yuval Noah Harari en su gran libro Sapiens: de animales a dioses__, habla de cómo, durante más de dos millones de años, las redes neuronales humanas no cesaron de crecer, alcanzando sus mayores niveles de desarrollo a través de lo que él llama “las tres grandes revoluciones que conformaron el curso de la historia”.
Habla de la revolución cognitiva, que marcó el inicio de la historia hace unos 70.000 años; de la revolución agrícola, que la aceleró hace unos 12.000 años; y de la revolución científica, que se puso en marcha hace solo 500 años, y que, según el autor, “bien pudiera poner fin a la historia e iniciar algo completamente diferente”.
Como vemos, la propia evolución humana es fruto de los constantes cambios y adaptaciones a las nuevas condiciones ambientales, generación tras generación. Esto se dio en un proceso dialéctico, donde por una parte había un ajuste a las características del entorno para poder sobrevivir, y al mismo tiempo se rediseñaba y se construía uno nuevo, que pudiera ser más favorable y provechoso.
El entorno antropológico fue en gran medida hostil y carente respecto a las necesidades, lo cual propició el desarrollo de múltiples habilidades y conductas que permitieran sobrevivir, y que aún se conservan como una herencia ancestral.
Por un lado, desarrollamos aspectos muy beneficiosos que nos definen como humanos, a saber, una mayor conexión social y cooperativismo entre los miembros de la tribu, mayor capacidad cerebral, y desarrollo cognitivo, por poner algunos ejemplos.
Pero esto a su vez trajo consigo una serie de tendencias conductuales de defensa, propias de la escasez, como la violencia y la competición con otras tribus humanas por el acceso a los recursos, las respuestas emocionales alteradas ante situaciones de peligro que, si bien tenían una utilidad vital en el pasado, actualmente suponen un gran lastre para nuestro bienestar y el del resto, así como la tendencia a la tribalidad y al egoísmo, propias de un ambiente separado y competitivo.
Varios investigadores y referentes en estos ámbitos fundamentan que la existencia de la escasez, tanto de recursos como de conocimientos, y la no satisfacción de las necesidades (todas ellas), son de los condicionantes más impactantes en el comportamiento humano. Se las concibe como principales inductores de conductas defensivas, competitivas y violentas. (1) (2)
El neurocientífico Robert Sapolsky, en su libro Behave: The Biology of Humans at Our Best and Worst, habla largo y tendido acerca de cómo las condiciones ambientales han sido, y son, trascendentales para entender lo que somos y hacemos. Según el autor, no se puede explicar el comportamiento y la esencia humana teniendo en cuenta un solo factor como la naturaleza o la crianza. Él habla del entorno como ese conjunto dialéctico de elementos que determinan lo que somos y hacemos, entendido como lugar de nacimiento, educación, genética, poder adquisitivo, familia, amigos, cultura, experiencias, etc.
Desde antes incluso del propio nacimiento, en el ambiente intrauterino, se empiezan a programar las respuestas bioquímicas y hormonales vinculadas con las conductas y reacciones emocionales del individuo que, en dependencia del entorno de la mamá y su estilo de vida, será más o menos favorables. Las mismas entran siempre, después, en una interacción dialéctica con el entorno familiar temprano (primeros años de vida) y el posterior entorno social (incluida educación y cultura).
Epigenética conductual
Entonces, si de comportamientos se habla, considero que existen una serie de determinantes genéticos que explican al menos una parte de estos. Al mismo tiempo, estos cimientos biológicos están condicionados directamente y en gran medida por el ambiente en el cual se desarrollen.
Como mismo sucede a nivel molecular, donde los genes innatos se pueden expresar de una forma u otra dependiendo de las condiciones externas, es decir, de la interacción con el entorno, lo cual se conoce como epigenética (lo que influye sobre la genética y determina su expresión), así mismo sucede con el comportamiento, en lo que se podría definir como epigenética conductual.
Además, se sabe que la fisiología no se encuentra separada de la parte psíquica o mental, que la separación cartesiana de cuerpo-mente no es para nada real, y por tanto las variaciones en la fisiología afectarán a su vez a la psicología, y viceversa. (3) (4)
Estos hechos están ampliamente descritos y evidenciados en la literatura científica, de forma tanto teórica como experimental. Conocidos son los casos de los llamados niños salvajes o ferales, separados de su núcleo familiar, y prácticamente criados con, y/o, por animales, desarrollando comportamientos verdaderamente particulares y reseñables, más cercanos a los de sus compañeros de crianza, animales, que a los de sus progenitores e iguales genéticamente, humanos. (5) (6)
Cuando el ser humano no es expuesto a estímulos relevantes para un correcto desarrollo, estas capacidades “innatas” se atrofian y no llegan a desarrollarse. Por ejemplo, si no recibe suficiente luz los primeros meses de nacidos, es muy probable que no desarrolle la visión; si no tiene contacto humano y colecho parental, podría desarrollar rasgos psicopáticos y violentos, o incluso morir si no tiene nada de contacto. (7) (8)
Son casos extremos, pero pueden ayudar a entender la relevancia del ambiente en el comportamiento humano. Aunque fenómenos menos exagerados como las costumbres, la educación, las creencias y el sistema de valores, tienen un papel igual de influyente en el comportamiento, al cual, si se le tuviese que adjudicar una característica esencial y diferenciadora, sería la adaptabilidad a las condiciones ambientales.
Conductas primitivas:
Aunque la gran mayoría de los investigadores están de acuerdo en la profunda e innegable esencia biopsicosocial, siguen existiendo dudas respecto a algunas cuestiones vinculadas con las conductas de violencia, egoísmo, competencia, individualismo y similares, ligadas al pasado primitivo, y aún muy prevalentes a pesar de las grandes diferencias del mundo actual con respecto al entorno salvaje ancestral.
Si bien la sociedad humana ha alcanzado enormes niveles de desarrollo y avance social en muchísimos ámbitos, pareciera como si ciertos comportamientos estuvieran arraigados a algún tipo de naturaleza, que hace actuar de forma anárquica e irracional. ¿Será entonces cierto que los humanos están predeterminados a no comportarse de una forma justa y civilizada?
Para responder realmente a esta cuestión, primero debemos plantearnos otras más profundas y trascendentales, como lo es el saber si se han eliminado todos los promotores ambientales de estas conductas primitivas, o si existen o no razones socioculturales que puedan explicar estas acciones, o si vivimos en un mundo realmente civilizado.
Escasez y comportamiento
La relación entre estos dos términos es tremendamente cercana y bidireccional. La escasez ha sido una característica común en prácticamente todos los contextos de la historia de la humanidad, jugando una influencia innegable en lo que el Dr. Robert Sapolsky llama nuestro mejor y nuestro peor yo.
Escasez intermitente como Necesidad Biológica
Se puede decir que, tras muchos miles de años conviviendo con la escasez y la carencia intermitente, hemos desarrollado cierta adaptación, e incluso dependencia a estas. Hoy sabemos que los seres humanos (al igual que el resto de los animales), no responden bien a la opulencia alimenticia, al exceso de comodidad y a la carencia total de estresores puntuales (u horméticos). Esto les hace enfermar y debilitarse. Directamente, necesita de intermitencia y exposición puntual y aguda a diferentes estresores horméticos como el ayuno y el déficit calórico intermitentes, la actividad física intensa y extenuante, el frío, el calor, etc. (9)
Estas prácticas cuentan con cada vez más respaldo científico teórico y utilidad clínica/deportiva. Pero son aplicadas dentro de un contexto de abundancia y conocimientos, donde se usan de forma electiva y consciente. Pero nunca como una obligación ni imposición del ambiente en el que se viva.
La opulencia y los excesos actuales se pueden considerar también como una muestra más de la escasez, tanto de conocimientos y consciencia, como de aplicaciones útiles y relevantes de la tecnología para la gestión de los recursos.
Escasez crónica y mal gestionada como causa raíz de las conductas aberrantes
El diseñador industrial e ingeniero social Jacque Fresco comenta en su libro Lo mejor que el dinero no puede comprar que la escasez crónica de recursos, alimentos, seguridad, conocimientos y capacidades técnicas que permitieran satisfacer las necesidades y proveer de unas mucho mayores posibilidades de supervivencia y bienestar, lleva a comportamientos de corte primitivo, hostil y egoísta, pues el ser humano obedece, por encima de todo, a las dos premisas básicas de la biología (supervivencia y perpetuación de la especie). Esta escasez, a pesar de haber sido eliminada en muchos aspectos de la actualidad, aún sigue siendo parte de las sociedades humanas, promoviendo y perpetuando las conductas competitivas y violentas.
Todas las conductas humanas se podrían considerar como lícitas, pues son siempre coherentes con el entorno en el que fueron desarrolladas. Son adaptativas respecto a los inputs ambientales recibidos. No existe tal cosa como buenas o malas conductas, son simplemente el reflejo de lo que han aprendido y lo que no. Así como tampoco existen personas malas, pues ellas solo usan las herramientas que conocen para lidiar con la realidad y no pueden hacer otra cosa con lo que tienen.
Los seres humanos somos víctimas de la cultura, y nuestros peores comportamientos causas de un entorno distorsionado y decadente.
- JACQUE FRESCO ·
Civilización real
Parafraseando al mismo autor: «Mientras sigamos teniendo guerras, policías, crímenes, pobreza, desconexión de las necesidades humanas y ambientales, y el resto de problemas similares que afectan a la humanidad, no podremos decir que vivimos en una sociedad verdaderamente civilizada»
Por tanto, se puede definir a una sociedad como realmente civilizada cuando existe una coherencia (al menos cercana) entre las necesidades humanas y del planeta, y los conocimientos y capacidades técnicas aplicadas; es decir que la tecnología y el conocimiento estén (realmente) al servicio de la humanidad y la vida, y no a merced de intereses privados e irrelevantes. Logrando así la superación de la escasez, y la búsqueda del progreso real como especie, trascendiendo las falsas barreras culturales, históricas e ideológicas, y persiguiendo la coexistencia pacífica y cooperativa entre todos los seres humanos y el entorno.
Resumen final
- A) Por un lado, somos nuestras neuroconexiones y no hay duda de eso. Lo que nos gusta, lo que aceptamos, lo que reconocemos, incluso nuestros sentidos, desde el dolor hasta la vista, están influenciados por estas neuro-conexiones. Por eso una persona con la enfermedad de Alzheimer olvida su nombre o ya no sabe cómo hacer un café, porque partes de sus neuro-conexiones se han visto afectadas negativamente.
- B) Al mismo tiempo, entendemos como un hecho que incluso el acto de pensar cambia la estructura física del cerebro. Nuevas experiencias dan forma a nuestros cerebros, a nuestras neuro-conexiones. Incluso si naces con una neuro-conexión específica, el cerebro es tan plástico que puede y finalmente cambiará positivamente, si es expuesto a un ambiente adecuado y relevante. Por eso, incluso los gemelos genéticamente idénticos pueden llegar a tener distintas neuro-conexiones y diferencias conductuales notables, dependiendo del contexto, aprendizajes y experiencias de cada uno.
Por lo tanto, si sumamos A + B = Somos nuestras experiencias (todas ellas). Sencillo. Las personas son muy diferentes entre sí, y a la vez muy similares en muchos aspectos. Pero en ambos casos son moldeadas por las experiencias que viven. (10)
Lo que se le llama hoy “naturaleza humana”, con relación a la conducta, no es más que una simplificación absurda de algo mucho más complejo y profundo. La realidad es que esta no es más que las tendencias conductuales repetidas históricamente, por la persistencia de un entorno de privación, competencia y escasez, tanto real como artificial (o creada/mantenida). Entorno que actualmente, a diferencia del pasado donde realmente no se contaba con los medios ni físicos ni intelectuales, no es más que la consecuencia de un Sistema económico y social aberrante, decadente y desfasado.
Vivimos aún en una antieconomía que no tiene como prioridades la gestión inteligente de los recursos, ni el uso de la ciencia y la tecnología para la satisfacción de las necesidades, ni mucho menos para el cuidado del medio ambiente.
Hasta que no se rediseñe la sociedad, se alcance un desarrollo cultural y educativo coherente con los conocimientos actuales, se elimine el comercio y la servidumbre, se ponga a la ciencia y la tecnología al verdadero servicio de la humanidad y la vida, se evite la competitividad y el egoísmo, se busque superar realmente la escasez, y se piense en construir una sociedad verdaderamente justa, civilizada y humana, seguirán las mismas conductas y problemas de siempre…
Ninguna propensión humana es tan poderosa que no pueda ser vencida por los hábitos, la educación y la disciplina.
- SÉNECA ·