Lo que debo hacer
Lo que debo hacer.
Por: Pablo Dussac
Los ancianos que dirigían
el país gritaban con roña:
¡Vete, exiliado, traidor, falso patriota!
Los jóvenes de la comuna
vociferaban de buena fe:
¡Sálvate, no seas patriota, esto no da más!
Y yo, en mi delirium tremens de poeta,
vivo muriendo feliz en mi extraña lucha,
haciendo lo que nunca
me dijeron que debía hacer.
Los ancianos que dirigían el país gritaban con roña: ¡Vete, exiliado, traidor, falso patriota! Los jóvenes de la comuna vociferaban de buena fe: ¡Sálvate, no seas patriota, esto no da más! Y yo, en mi delirium tremens de poeta, vivo muriendo feliz en mi extraña lucha, haciendo lo que nunca me dijeron que debía hacer. Los ancianos que dirigían el país gritaban con roña: ¡Vete, exiliado, traidor, falso patriota! Los jóvenes de la comuna vociferaban de buena fe: ¡Sálvate, no seas patriota, esto no da más! Y yo, en mi delirium tremens de poeta, vivo muriendo feliz en mi extraña lucha, haciendo lo que nunca me dijeron que debía hacer. Los ancianos que dirigían el país gritaban con roña: ¡Vete, exiliado, traidor, falso patriota! Los jóvenes de la comuna vociferaban de buena fe: ¡Sálvate, no seas patriota, esto no da más! Y yo, en mi delirium tremens de poeta, vivo muriendo feliz en mi extraña lucha, haciendo lo que nunca me dijeron que debía hacer. Lo que debo hacer Lo que debo hacer