¿"LCB2: La Otra Guerra" contra una imagen de Dios?
El escritor cubano José Lezama Lima decía:
la imagen es la causa secreta de la historia. El hombre es siempre un prodigio, de ahí que la imagen lo penetre, lo impulse. La hipótesis de la imagen es siempre la posibilidad. En realidad, desde la primera temporada de la serie LCB: La Otra Guerra, que narra los acontecimientos reales de lucha entre cubanos en los primeros años de la década del 60, me pareció que se trataba de caracterizar peyorativamente al cristianismo. Durante los primeros capítulos, Mongo Castillo (Osvaldo Doimeadiós), al recoger a su hijo muerto entre los brazos se preguntaba: ¿Por qué los cristianos son unos asesinos y a qué Dios representan?
Tuve la oportunidad de preguntarle a una trabajadora de la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido sobre la necesidad de culpar a un sector creyente de la población de crímenes horrendos y ella me decía que en ese contexto (los campos cubanos de la década del 60) se le llamaba cristiano a todo el mundo. Eso puede ser verdad, pero, ¿muchos de los televidentes sabrán esa realidad? Para la segunda temporada los realizadores Roly Peña y Miguel Sosa se sumergen en la lucha contra los alzados de la zona de Matanzas, donde operaban cerca de 40 bandas. El guionista principal de la serie, Eduardo Vázquez Pérez, hizo una labor ardua de investigación histórica para conformar la narrativa de estos recién concluidos 20 episodios, que, junto con la telenovela , de seguro competirán por el premio de la popularidad del público en cualquier concurso de audiencias nacionales. Cualquier producto artístico tiene un componente importante de ficción o licencia editorial y esta segunda temporada de la serie LCB2: La Otra Guerra no es la excepción. En algunos espacios televisivos nacionales se ha empoderado una filosofía maniquea de la historia post-1959, donde los buenos son gente “intachable” y los malos unos “bandidos”; en realidad, durante esa “otra guerra”, perdimos todos los cubanos, pues al final, la muerte, sea del bando que sea, no es nunca una victoria; y en esas lomas, murieron demasiados seres humanos. En realidad me llamó la atención como espectador cristiano, ver al comandante de las fuerzas contrarrevolucionarias, Pucho Carratalá, interpretado por el actor Aramís Delgado, aparecer desde el primer capítulo con un crucifijo llamativo en el pecho y demostrar durante la serie una fe sincrética (uniendo la fe cristiana y una africana).
No es el hecho de que algunos alzados pudieran creer en Dios y ser incluso católicos, pues esa fue una realidad, sino el juego con la semiótica, pues, en general, los milicianos no se caracterizaban por sus creencias cristianas: aparecían como no creyentes y, de serlo, no podían mostrarse como tales. Los medios de comunicación tienen el compromiso social de contar buenas historias, pero sería muy bueno verlas realizadas desde un lenguaje de respeto y verosimilitud, sin atropellar al otro por ser o pensar diferente al ganador de la batalla.
Una de las imágenes más duras de asumir como creyente fue ver que al final de esta temporada, se culmina con la muerte del comandante de los alzados, Pucho, y en un primer plano, se enfoca su crucifijo ensangrentado, durante un tiempo prolongado. ¿Qué han pretendido los directores fomentar con esta desdichada caricaturización de lo cristiano? Una versión puede ser que los cristianos estamos manchados de sangre por haber participado de esta lucha como parte del bando equivocado. ¿Qué gana el pueblo cubano – sobre todo las nuevas generaciones- al percibir como enemigos a los creyentes y la Revolución? No se trata de esconder la verdad, pero si se pretende dar una caracterización del fenómeno religioso en las próximas temporadas ya anunciadas de la serie, se debería como mínimo buscar un lenguaje comunicativo menos agresivo en el trato a lo religioso, para no convertir a LCB, en otra guerra contra la imagen de Dios.
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Cómo citar este texto
Julio Pernús. «¿"LCB2: La Otra Guerra" contra una imagen de Dios?». La Trinchera. https://bloglatrinchera.com/lcb2-la-otra-guerra-contra-una-imagen-de-dios/