350 palabras para los náufragos
Por: Julio Pernús
En una época oscura, las carreras sociales estaban destinadas a personas adscritas a una sola ideología política. Hoy existen muchos jóvenes graduados, como yo, de ciencias humanísticas. Somos parte de una nueva generación a la que voy a llamar los náufragos, pues mientras nos profesionalizábamos, elegimos, con miles de obstáculos, saltar del barco nombrado Batalla de ideas y dar con una Isla que construimos día a día desde nuestras acciones sociales.
El Papa Francisco nos regaló un mensaje precioso en la JMJ: Solo lo que se ama puede ser salvado. Y nosotros amamos nuestra Patria y creo que nos gusta conducirnos por esa autopista nombrada verdad. Un día, mientras caminaba para coger el P15, una de las profesoras de la universidad me llamó con mucho tacto: Pernus, mi niño, leo tus artículos, me gustan mucho; pero ten cuidado, que una palabra mal interpretada desde arriba te puede invalidar para siempre tu sueño estudiantil de ser comentarista deportivo. Acto seguido le dije: Gracias, profe, pero usted misma nos advirtió sobre los riesgos de ser comunicadores coherentes en estos lares, y entre nosotros, a veces sigo siendo ese muchacho inconforme, al que nunca le pareció correcto premiar una sola versión de la historia.
La vida es un reto, pero cada joven católico que brega con los azares del mundo del pensamiento debe saberse acompañado por aquel comunicador que murió en la cruz. Una joven periodista de Cienfuegos dijo delante de mí a un sacerdote que tenemos como amigo común: Padre, solo puedo escribir lo planificado en la agenda y sin alejarme mucho del discurso oficial. Él respondió: Pues yo me leo todos tus artículos y les siento de trasfondo una identidad católica; y mirándome con picardía subrayó: Lo que haces me parece incluso de mayor valor que lo escrito por ese tal Pernus. Yo solo asentí y me despedí con la promesa de estas 350 palabras para los náufragos.