Jesús no entra en mi oficina
Jesús.
Por: Julio Pernús
Dios no entra en mi oficina es un libro del pastor bautista Alberto I. González, donde narra los acontecimientos vividos por él en las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP).
A pesar de haber sufrido toda clase de injusticias y torturas sicológicas, este hombre sabe encontrar el perdón a través del camino que escogió: la fe. En medio de tan horripilante historia dice: allí había oficiales honestos…
Al paso de los años fue a ver a uno de los tenientes de su campamento que le dijo: Albertico, parece que no fui tan malo cuando viniste a verme, ¿verdad? Un amigo ya mayor me comentó hace poco:
Julito, déjame ver si me animo a sacar el cuadro del Sagrado Corazón de Jesús que tengo en el cuarto desde aquellos años de ateísmo constitucional.
Según me comentó, si lo hubieran visto con él en la sala de su casa podían haberlo expulsado de su puesto como profesor universitario.
En ocasiones me pregunto -y ojalá que lo podamos hacer sin poner odio en nuestras mentes-, ¿cuándo podremos hacer una Comisión de la Verdad? Parece increíble, pero en una época no tan lejana aquellos cuadros del Sagrado Corazón fueron puestos en lugares poco visibles del hogar, por temor a ser descubiertos por centinelas que en nombre de cierta ideología fustigaban con miedo cualquier pensamiento alejado del materialismo. Gracias a muchas abuelas y otros que afrontaron su fe con valor, el país no fue descristianizado.
Pero siento que ahora, cuando Dios no aparece en los discursos de nuestros decisores, recogemos la cosecha del materialismo deformado sembrado años atrás; ese materialismo que niega una espiritualidad -la misma que media el amor-, y que afirma que ella no entra en su oficina.