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El pecado original

22 de junio de 2020

Esta vez la polémica, entre tantas crudas realidades, viene del post, en mi opinión muy desacertado, compartido por la rapera Danay Suárez (de quien soy admirador).

Por: Sender Escobar

Parece que no solo el coronavirus (noticiavirus, como lo bauticé) es protagonista de la realidad cubana. Además del spin off de Tras la Huella en el noticiero, de los memes, unos más ingeniosos que otros, o de opiniones al margen sobre la limonada y secretos a voces sobre amistades con power en Cuba.

Esta vez la polémica, entre tantas crudas realidades, viene del post, en mi opinión muy desacertado, compartido por la rapera Danay Suárez (de quien soy admirador). En el mismo, compara la percepción y el encauzamiento de lucha del movimiento LBGTI con una agrupación que intenta darse un estatus legal, llamada MAP. O sea, pedófilos clamando por reconocimiento.

En el post mencionado se habla de que, si fue posible el reconocimiento de los derechos de la comunidad LBGTI, qué impediría en el futuro también legalizar a los MAP, atendiendo al pasado de discriminación sufrido por los homosexuales a lo largo de la historia. En su mensaje de Familia Perfecta ideada por el Creador, asume una posición que, a pesar de ser válida, no ayuda a una lucha justa y necesaria.  Recuérdese que la autora del post tiene derecho a no simpatizar con la causa LBGTI desde sus concepciones personales, pero su modo de percibir la realidad en el plano terrenal, donde Dios le dio un lugar y del cual se siente mensajera, no le da potestad para herir sensibilidades lanzando un mensaje que se entienda, entre otras cosas, como pronóstico predictivo sobre el reconocimiento de una agrupación de personas que de manera consensuada son enfermos, en toda la dimensión y significado dañino de la palabra.

La autora deja claro que sus palabras no van dirigidas hacia la aceptación, ni mucho menos, de los MAP:

“A mi también me parece asqueroso y repugnante el movimiento MAP.”

Pero escribió casi al finalizar en el amplio texto:

“Sin embargo, levanto la voz porque un pedófilo puede usar los argumentos que sustentan tu estilo de vida para cometer una tremenda atrocidad…”

Si un pedófilo se escuda detrás de un discurso de validación utilizado por una comunidad que merecidamente lucha por sus derechos, lo mínimo es acusarlo de plagio, y lo máximo es condenarlo (pero bien condenado) por atentar contra lo más sagrado de una sociedad: la infancia. De quienes Jesús dijo que era el Reino de los Cielos.

La manifestación de un criterio (polémico por demás) siempre tendrá las más diversas reacciones. En el caso del post compartido por la artista, los comentarios varían, desde la ofensa personal hasta la explicación y análisis sociológico de una comparación totalmente desequilibrada. Sin embargo, el mal está hecho, pues muchas sensibilidades debieron sentirse dañadas y ofendidas con semejante exposición.

Reza la Biblia que Dios es amor, y en la lectura de las palabras escritas en el post publicado por Danay Suárez, no se veía mucho amor  manifestado. Si todos tenemos un origen común, es precisamente el respeto a esa diversidad lo que nos hace descendientes del AMOR.

La interpretación al pecado original también puede venir acompañado de una dosis de odio, en el peor de los casos, e  incomprensión hacia lo diferente en las concepciones de quienes escriben las leyes de la divinidad.

Las palabras y acciones de cristianos, a mi entender, no deben estar lejos de la materia que compone a Dios: AMOR.