La Trincheramuchas maneras de estar
← La Trinchera Política en Cuba

Convivencia

Miguel Alejandro Hayes · 25 de febrero de 2019

¡Yo voto sí! ¡Yo voto sí! ¡Yo voto sí! Es la consigna, la voz que se ha escuchado bien alto por toda la casa, como quien se llama a sí mismo. Parece que ya se han hecho normales los gritos de cuatro sílabas, bien pegajosos.
Al fin, la victoria auto-anunciada desde antes que se pensara una posibilidad de referéndum, es indiscutible, y su porcentaje lo confirma.
El Yovotosí, cariñosamente Sí, ya puede estar tranquilo. Reafirmó su discurso de ser continuidad de la Revolución, de su compromiso con el socialismo cubano, de homenajear a Fidel, de respetar los derechos y expandirlos, y hasta de su solidaridad con Venezuela. En pocas palabras, reafirmó ser amo y señor de la casa.
Va orondo, disfrutando el resultado de aquella obra de la que es hijo pródigo y de lo que -a pesar de algunos esfuerzos innecesarios- obtendría de todas todas.
Pero hay algo que el Sí olvida: aunque sea quien mandé en la casa, no está solo en ella. Si bien antes -incluso antes de que llegara a esta- sus padres eran sus únicos habitantes y si desde afuera se les intentaba colar algún inquilino con pretensiones de tomar la casa, este era expulsado; ahora hay otros habitantes. ¡No son hijos bastardos, no! Son hijos de las mismas circunstancias, y de los mismos padres que el Sí. Con la misma educación, solo que no todos son iguales y no se interactúa de la misma manera con el medio en el que se está.
Esos otros hijos son, el Yovotono, y el Yonovoto -este es el más viejo de los dos-. Son cariñosamente el No, y el Novoto. Ambos, más pequeños que el Sí, pero están ahí. El Sí ha estado adaptado a lidiar con el Novoto, y ciertamente es insignificante para él, tanto que ha olvidado que existe,-y creo que hace bien. Pero el más pequeño habitante de la casa, el No, ha crecido, no mucho, pero sí lo suficiente como para que junto con el más apático del hogar se hagan sentir.
Todos ellos -los tres- son parte de la casa y tienen derecho a ella. El Sí manda, pero no puedo expulsar a los otros. Tiene que aprender a convivir con el Novoto, más bien con el No. Es feo que siga dando gritos que se llaman a sí mismo. Ya no puede ignorar a esos dos hermanos, ni maltratarlos -aunque sean majaderos e indisciplinados-. Son las reglas de la casa, las que el Sí puso.