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Condones y biberones

Por Juan M. Ferrán Oliva · · 2 min de lectura

Portada del archivo: In proof of true love, a watercarrier skeleton arguing with a woman (Posada); two skeleton angels in upper corners (Mani, de José Guadalupe Posada
Portada del archivo In proof of true love, a watercarrier skeleton arguing with a woman (Posada); two skeleton angels in upper corners (Mani · José Guadalupe Posada, ca. 1890–96 — dominio público, The Met

Condones y biberones.

Antes de retirarme fui economista; así lo indica un título. Es un oficio estresante que he desatendido debido a mi jubilación y, más que nada, a la falta de información. La prensa no me ayuda pues se consagra a una propaganda política aberrante. Lo más parecido a una noticia son sus crónicas triunfalistas de entidades aisladas, pero el obstinado PIB per cápita no crece. Una golondrina no hace verano.
Tengo recaídas ocasionales tras las cuales vuelve fosca a su rincón el alma trémula y sola. Una noticia que recogí del ciberespacio avivó mi vocación. Se refería a una importante fábrica de productos de látex cuyo nombre omito. Me limitaré a señalar que es asiática y sólo elabora tetillas de biberón[1] y condones. Es líder en esos renglones.
La empresa fue visitada por el chairman de una distribuidora europea que intentaba representarla. Un ejecutivo de la planta lo atendió y le mostró el flujo de producción. Informó, además, de su tecnología secreta en la que se combinan en singular sinergia procedimientos industriales y de marketing.
Un sofisticado equipo de extrusión sopla el látex y al hacerlo correr por un molde conforma la tetilla del biberón. Un brazo mecánico armado de una aguja gruesa estampa el orificio de salida con sus correspondientes rebabas. A renglón seguido la pieza pasa por el control de calidad al que sigue el módulo de envase. Al final van saliendo de la máquina a razón de una por segundo las cajas contenedoras de una gruesa del producto. Son millones anuales capaces de cubrir buena parte de la natalidad mundial.
La máquina de los condones es prácticamente igual pero dispone de un paso que llamó poderosamente la atención del visitante. Después de formateado el preservativo también aparece un brazo mecánico ¡pero con una aguja muy fina! De un golpe el adminículo es dotado de un imperceptible orificio de salida.
Intrigado, el visitante preguntó el porqué de aquella perforación casi invisible. El anfitrión respondió:
-Para que escapen los espermatozoides más hábiles.
El visitante no pudo evitar una regurgitación ética y espetó
-¡Coño, eso es una hijaputada !
Sin inmutarse el asiático argumentó
-Efectivamente, pero estimula considerablemente la demanda de biberones.

[1] El biberón consta del pomo y la tetilla de la que el bebé chupa.

Tomado de Sine Die

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Cómo citar este texto

Juan M. Ferrán Oliva. (2019). «Condones y biberones». La Trinchera. https://bloglatrinchera.com/condones-y-biberones/